jueves 13 de septiembre de 2007

MIS FANTASMAS

Mientras observo como el humo de un maltrecho cigarrillo se aleja de mí por la pequeña abertura del amarillento ventanal de mí habitación para acabar desvaneciéndose en la inmensidad exterior, no puedo dejar de pensar en la desgracia en la que estoy sumido. En realidad mí pesar es imaginario, quizás me gusta torturarme con estos pensamientos, o tal vez sea idiota, no lo sé. Seguramente dependerá del prisma desde el cual se juzgue mí situación. Pero lo único cierto, lo único verdadero, lo único real es que existen y persisten estas sensaciones que bajo mí disfraz de bufón en decadencia, atormentan mí mente y mí alma.
No siempre han vagado en mí interior dichas incomodidades personales, ¿no siempre?, bueno no estoy muy seguro de que no estuvieran aletargadas, escondidas, al acecho de la mínima muestra de debilidad por mí parte para poder atacarme cuando fueran capaces de hacer efecto en mí y no antes, lo cual por su parte hubiera sido un gran error y por la mía un gran alivio jamás conocido. Lo cierto es que mí pesar es real, y solamente se ve aliviado por la falta de consciencia en edulcorados momentos de falsa felicidad, los cuales una vez finitos me devuelven a mis enemigos refortalecidos, o quizás simplemente, estos, encuentran menos resistencia en la batalla que libran contra mí y en mí.
Algunos te dicen, jamás has pasado hambre, lo tienes todo, no te ha faltado de nada. ¡Y una mierda!, me falta todo, no tengo nada, es la putada de vivir en una sociedad moderna, avanzada y de consumo, que tienes las necesidades fisiológicas resueltas aunque simplemente sea parasitando de los otros productores–consumidores. Lo que yo anhelo, lo que yo deseo, mi hambruna, la de mi generación no es fisiológica, es espiritual. Ya no nos sirven los cauces de las generaciones anteriores pero ellas son todavía las predominantes en la faz del primer mundo y no lo entienden, y jamás lo harán.
Vivo por y para algo, todos vivimos por y para algo, aunque nadie sabe lo que es y la mayoría de personas ni tan siquiera se plantea dicha concepción finalista de la vida y se conforman con que el día a día sea indoloro, inofensivo, infructífero e inútil, asumiendo los breves instantes de felicidad como algo extraordinario y los malos momentos en los que el dolor y el ostracismo cobran dimensiones fuera de lo común, como algo necesario para apreciar el resto de la denominada buena vida.
Entiendo que la vida es algo extraordinario y fuera de lo común, la cual debe valorarse por encima de todo, pero ¿como podemos entender algo que no tiene objetivo?, que cuya única finalidad aparente es que termine antes o después.